La escuela presencial tiene que ser una prioridad

A pocos días para que empiece el curso escolar, todavía no conocemos cómo el Ayuntamiento de Castelldefels garantizará el buen funcionamiento de las cases d’infants y de los centros educativos de la ciudad. El gobierno en minoría puede tomar nota del trabajo que están haciendo Barcelona o El Prat, que llevan tiempo trabajando los planes para la vuelta a las escuelas de la mano de la comunidad educativa, para que familias y criaturas puedan disfrutar y tener garantizado el curso con la nueva normalidad. Han trabajado medidas como la desinfección de todos los centros educativos y han garantizado la distancia de seguridad en los accesos a las escuelas, señalizando mejor los entornos de los centros y adecuando las aceras cuando haga falta. También se ha puesto a disposición de las escuelas que lo necesiten bibliotecas, centros cívicos, parques y plazas para que los niños y niñas tengan más espacio donde estudiar y también donde jugar en la hora del patio. Tienen a disposición material informático para garantizar el seguimiento de las clases en caso de confinamiento. Y lo más importante, han incrementado el personal educativo con el fin de rebajar las ratios en las escoles bressol y han ofrecido personal municipal para gestionar mejor las entradas y salidas de todos los centros educativos. Mientras, en Castelldefels, a falta de dos semanas para que comience el curso escolar, nada de nada.

Tampoco la Generalitat ha hecho los deberes y empezará el curso con algunas asignaturas pendientes: seguimos sin un plan de lucha contra la brecha digital, ni de acompañamiento a la escolaridad, y tampoco se están destinando los más de 360 millones de euros que se han recibido por parte del Estado para adaptar las escuelas a la nueva realidad, como por ejemplo, para reducir las ratios de todos los cursos, demanda histórica de la comunidad educativa, que en este contexto cobra mucha más relevancia. El personal docente contratado es insuficiente y, aunque se dejarán la piel para sacar el curso adelante, su vocación tiene un límite y no pueden estar siempre sacando las castañas del fuego a una consellería incompetente.

La escuela tiene que ser presencial porque es la única manera de garantizar el derecho a la educación de todos los niños y niñas (también de los que no tienen acceso a un portátil o una buena conexión a internet) y porque sin escuelas no hay igualdad de oportunidades, ni tampoco conciliación. Las familias y la gente de la calle lo tienen claro, ahora toca que las administraciones actúen en consecuencia.